Ruta leyendas de Madrid

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RUTA LEYENDAS DE MADRID

Vamos a adentrarnos en el Madrid menos conocido, en un Madrid repleto de mitos y leyendas. Caminamos todos los días por calles, detrás de las cuales existen apasionantes historias no siempre conocidas.

Para comenzar nuestro recorrido, nos situaremos en la Iglesia de San Ginés, construida entre los siglos XII y XIII, y por tanto uno de los templos más antiguos de Madrid. Está ubicada en la céntrica calle Arenal y allí, según cuentan, ha habitado un fantasma durante muchos años. En 1353 unos ladrones saquearon la iglesia y cortaron la cabeza a un anciano que se encontraba allí. Semanas después, una sombra sin testa apareció en la puerta del templo al caes el sol. Era el ánima del hombre asesinado que volvía a la tierra para revelar el nombre de sus asesinos. Con el tiempo, este fantasma desapareció para alivio de más de uno…

Seguimos nuestro recorrido hasta el número 69 de la Calle Mayor, donde se encontraba el Palacio de Cañete, ahora convertido en Patronato de Turismo. Aquí nos espera una fantástica historia de ruidos, aquelarres y terror en el siglo XVII. Se cuenta que se hacían una serie de rituales de lo más escabroso. Los fenómenos paranormales eran habituales: corrimientos de mueble, extraños seres por los pasillos, ruidos, candiles que se encendían solos. En boca de los vecinos estaba la historia de que el espíritu de un marqués asesinado se paseaba por los pasillos de su mansión, lamentándose, hasta que se descubriera el autor de su muerte. Fue residencia temporal de algunos gobernadores y alcaldes de la Villa, pero muchos de ellos abandonaron la casa espantados ante los extraños fenómenos. La leyenda se incrustó en los muros del palacio y no se sabe a ciencia cierta si por allí continua el espíritu del Marqués de Cañete…

Nos dirigimos ahora hacia la Plaza Mayor, bajo la cual, al parecer, existen muchos pasadizos por los que, en los siglos XVIII y XIX, huían los bandoleros y también algún que otro amante clandestino. Pues bien, la emblemática Plaza mayor ha sido escenario del comienzo o final de muchas historias. Una de ellas la protagonizó el Conde de Villamediana, que en el siglo XVII disfrutó de una destacada posición, a pesar de ser un personaje polémico. Se dice que el Conde estaba enamorado de la mismísima reina Isabel de Borbón. Cuentan que el Conde asistió a uno de los frecuentes festejos taurinos que tenían lugar en la Plaza mayor, con un collar hecho de reales con la efigie de la Reina y con una inscripción que decía :”Son mis amores”. Una de dos: O era muy interesado con el dinero o quería que todo el mundo conociese su amor por la reina. En cualquier caso, quiso brindarle un toro a la dama y un regidor provocó al Rey diciendo “Majestad, que bien pica el Conde”, a lo que Felipe IV respondió “Pero pica muy alto”. Sospechosamente, el Conde de Villamediana apareció muerto días después…saquen sus propias conclusiones.

RUTA LEYENDAS DE MADRID II

Dirigiéndonos hacia la Plaza de Puerta Cerrada podemos hacer un alto para reponer fuerzas en Botín, el restaurante más antiguo del mundo según el Guinness y cuyas paredes podrían contarnos millones de anécdotas sucedidas a lo largo de los tres siglos que tiene a sus espaldas.

La plaza de Puerta Cerrada se construyó en la primera mitad del siglo XII y en ella se hallaba uno de los accesos a la ciudad para cruzar la muralla que rodeaba la misma. La Plaza tenía muchos esquinazos que eran aprovechados por los bandoleros para asaltar a las gentes que se aventuraban por esta zona tan solitaria. Para paliar este problema el Ayuntamiento mando cerrar este acceso hasta que se hubiera poblado el arrabal por esta parte. En esta plaza, entre las calles Segovia y San justo, se encuentra una pequeña fuente que sustituyó a la original, del siglo XVIII, realizada por los escultores Ludovico Turqui y Francisco del Valle. La cruz actual que preside la plaza data de mediados del XIX.

Otra de las historias que se cuentan de esta zona sucedió frente a la calle Madrid, la calle del Rollo y la calle Sacramento. Allí estuvo la llamada Casa de la Cruz de Palo. Aunque el edificio desapareció hace años, la historia que lo hizo popular persiste en la memoria de muchos. En esta casa vivió una joven árabe a la que obligaron a casarse con un noble de bastante edad. La muchacha se enamoró de un joven caballero español con el que mantuvo furtivos encuentros hasta que, un buen día, el chico desapareció. Cuando la joven enviudó y quiso marcharse de la casa, descubrió el cadáver de su amante, descuartizado y repartido en varios muebles viejos de un desván. Entonces comprendió que su marido debió descubrirles y decidió vengarse. Tras enterrarlo, la mujer mandó colocar, en lo alto de la casa, una cruz de madera en recuerdo del joven cristiano asesinado.

Cruzando la calle Toledo, nos dirigimos ahora hacia el Palacio de Santa Cruz, sede actual del Ministerio de Asuntos Exteriores. El edificio fue concebido, en su origen, con un fin muy distinto: ser la Cárcel de la Corte. El arquitecto fue Juan Bautista Crescenti, en 1629. A pesar de su belleza exterior, se hizo famosa por la crueldad de sus carceleros. Al parecer la situación en los calabozos era inhumana y se infligían terribles tormentos a los presos. En 1831 los reos fueron trasladados al antiguo Saladero de Tocino, ya que habían contraído una grave enfermedad que amenazaba convertirse en epidemia. Aún así los vecinos de los alrededores aseguraban que se seguían oyendo gritos desgarradores. La leyenda cuenta que eran los espíritus de los carceleros y los presos que murieron tras ser torturados.