Ruta de la literatura

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Para acercarnos a la historia de los grandes literatos españoles, es interesante pasear por la calle Huertas, la de Cervantes, la calle León, la plaza del Ángel... un entramado de callejuelas que hoy llamamos el Barrio de las Letras, porque fue en otro tiempo residencia de escritores como Cervantes, Lope de Vega, Góngora o Quevedo.

Actualmente, la zona está llena de teatros, restaurantes y bares, muchos con terraza, abiertos hasta altas horas de la madrugada.

Partimos de la plaza de Santa Ana, donde se encuentra el Teatro Español, existente ya en el siglo xvii con el nombre de Corral del Príncipe. Aún hoy se conservan algunas esculturas dedicadas a Calderón de la Barca, dramaturgo del Siglo de Oro, y también al poeta granadino Federico García Lorca.

Continuamos por la calle Huertas, que da nombre a un barrio antiguo y muy popular. No muy lejos, en la calle Cervantes, encontramos la Casa Museo de Lope de Vega, en donde habitó el ilustre escritor durante sus últimos veinticinco años de vida. En la actualidad, es un espacio que recuerda al dramaturgo y que muestra el estilo de una vivienda típica de inicios del siglo xvii. En la Calle Lope de Vega, se encuentra el Convento de las Trinitarias, un edificio sencillo y austero; su iglesia es de reducidas dimensiones y se levanta sobre una planta de cruz latina. Fue declarado monumento nacional en 1921. En la fachada se puede ver una lápida con el busto de Miguel de Cervantes, que recibió sepultura en este convento el 23 de abril de 1616. Sus restos acaban de ser identificados.

Seguimos nuestro camino hasta llegar la plaza de Pontejos, ubicada tras la Torre del Reloj, en la Puerta del Sol, y por donde llegamos al Teatro Albéniz. La zona está llena de tiendas tradicionales que nos trasladan siglos atrás.

Si seguimos avanzando, podemos descubrir la Cava de San Miguel y lo que hoy es la Plaza Mayor. Es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Se trata de una plaza porticada, en cuyos soportales encontramos tiendas y establecimientos tradicionales. La plaza posee nueve entradas, una de las cuales es el Arco de Cuchilleros, desde el que se divisa Botín. Dicen que, allá por 1620, este lugar era un hervidero de gentes de mejor y peor calaña. Seguramente en ellas se inspiró Lope de Vega para caracterizar a los pícaros que protagonizaron su teatro.

Más tarde, ya en el siglo xix, este castizo barrio de Madrid sirvió de escenario de muchas de las novelas de Benito Pérez Galdós; de hecho, recibe el sobrenombre, de «Madrid galdosiano». Botín tiene el honor de aparecer en varias de las novelas de este insigne escritor canario. En 1886, Galdós escribe una de sus obras más populares: Fortunata y Jacinta y en ella menciona Botín. En ella habla de dos jóvenes mujeres, muy diferentes entre sí, enamoradas de un mismo hombre; pero a la vez ofrece una visión completa de la sociedad madrileña de la época. Diez años más tarde vuelve a hacer referencia a Botín en otra de sus obras: Misericordia. En ella, Galdós nombra varios platos de la carta de Botín y más concretamente los bartolillos de crema. En homenaje a Galdós, Botín ha dado su nombre al comedor de la entrada.

RUTA DE LA LITERATURA II

Botín ha sido punto de encuentro de artistas y literatos nacionales de todos los tiempos:

José Bergamín, Indalecio Prieto, Arturo Barea, Fernando Fernán Gómez y el genial Ramón Gómez de la Serna, eran habituales de la Casa. Es precisamente este último, Ramón Gómez de la Serna, el que le dedica a Botín varias de sus famosas greguerías. Este carismático escritor madrileño, nacido en 1888, era un habitual de la Casa y llevaba la voz cantante en las tertulias que se organizaban aquí. Su curioso sentido del humor, algo excéntrico, le llevó en cierta ocasión a pronunciar una conferencia subido en un trapecio del circo y, otro día, invitado a hablar en la Real Academia de Jurisprudencia, leyó, él mismo, una carta en la que se disculpaba por no poder asistir al acto por encontrarse enfermo.

En cuanto a la dimensión internacional de Botín, son muchos los autores que, en sus viajes por España, se han dejado seducir por el aire de posada dieciochesca que conserva Botín: John Dos Passos, Scott Fitzgerald, Graham Greene, Frederick Forsyth y Ernest Hemingway, entre otros.

Si nos centramos en aquellos que han dedicado en las páginas de sus libros algún espacio a esta Casa, podríamos comenzar, por ejemplo, con Graham Greene, novelista inglés nacido a principios del siglo xx, cuya obra se caracteriza por reflejar los conflictos espirituales de un mundo en decadencia. Tras la Segunda Guerra Mundial se dedicó a viajar por todo el mundo, y recaló también en España. Entre sus últimas obras está Monseñor Quijote (1982), novela que, en tono moderado, enfrenta marxismo y catolicismo. Más recientemente, otro autor británico, Frederick Forsyth, menciona a Botín en las páginas de su libro El Manifiesto negro, novela ambientada en la convulsa Rusia de finales de los noventa.

También el Premio Pulitzer norteamericano James A. Michener, cuyas obras han sido llevadas al cine en varias ocasiones, hace referencia a Botín en una de las páginas de su novela Iberia.

En cuanto a Ernest Hemingway, su relación con Botín y con Madrid fue tan especial que hemos dado su nombre a una de las rutas que proponemos: abandonamos Botín y, tras cruzar la calle Mayor, nos dirigimos, por la calle Arenal, hasta la Plaza de Ópera, allí, entre ésta y la Plaza de Oriente, se encuentra el Teatro Real, uno de los principales templos operísticos de Europa. Siguiendo por Bailén, llegamos hasta la Plaza de España, presidida por la estatua de Cervantes y por las figuras escultóricas de sus dos personajes más famosos: Don Quijote y Sancho. Muy cerca, y por poner punto final a esta ruta, se encuentra el Cuartel del Conde Duque, construido por Pedro de Ribera para el acuartelamiento de las Compañías Reales de Guardias de Corps, bajo el reinado de Felipe V. Los severos muros contrastan con la portada que da entrada a este centro cultural que alberga el Archivo Histórico Municipal y la Hemeroteca.